¿Por qué la vida me ha llevado hasta aqui?
Porque…
Vengo del movimiento…
Mi madre no paró de ir en bici durante todo su embarazo.
Nací en la habitación de mis padres con la comadrona del pueblo.
Única nieta, crecí en la cocina, bailando alrededor de la mesa y con la mirada embelesada de los cuatro abuelos.
Continué bailando el baile de la vida en un pensionado de monjas. Allí empezé a los 8 años ballet clásico, el sueño de mi vida.
A los 15 años estaba sustituyendo a mi profesora dando las clases de ballet a las más pequeñas: pliés, polkas y chasses…
A los 18 empiezo mis estudios en la universidad de letras y me convierto en “profe” sin casi darme cuenta: Abro la primera escuela de danza de mi pueblo, sustituyo una baja de EGB en una escuela pública, y me contratan en una escuela privada para dar las clases de gimnástica a todos los cursos de EGB.
Decido estudiar Pedagogía para poder enseñar mejor.
A los 23 años con la licenciatura terminada, dejo todo y vuelo a París.
Allí continúo mis estudios de Pedagogía primero en la Universidad de Vincènnes, más tarde en la Sorbonne y me apunté a todas las asignaturas relacionadas con el cuerpo.
A los 24 años encuentro a Blandine Calais en París. Fueron sus inicios. Sentí profundamente que era exactamente lo que buscaba: La anatomía aplicada al movimiento.
Me interesaba la danza, el movimiento pero sobre todo el cuerpo. Tenía una escoliosis y había vivido la frustración de no poder llegar donde llegaban los otros. El cuerpo me había enseñado a sentir los límites. Quería comprender más de mí misma.
Siempre he dicho que me subí al tren de Anatomía para el Movimiento con Blandine porque me enamoré de su trabajo y de cómo ella lo transmitía. Son 30 años a su lado y compartimos muchas mas cosas que anatomía. Se fue forjando una amistad.
La curiosidad y la insatisfacción siempre han sido en mi el motor de una búsqueda continua.
Durante los 4 años que viví en París trabajé el movimiento con Ivonne Berge, Noelle Perez-Cristianne, y más tarde con Ute Strub, Charles Brooks y Krista Sattler.
Esas personas dejaron huella en mí.
Al volver a mi país quise compartir sus enseñanzas organizando cursos con ellos.
A los 27 años retomo mi antigua escuela de danza. El ballet clásico quedaba lejos. Doy un nuevo nombre al trabajo: Danza Creativa. Observo a los niños moverse y veo lo felices que se sienten expresándose libremente. Pienso que me faltan herramientas para poder ayudarles. Vuelvo a la universidad. Empiezo una nueva etapa como terapeuta psicomotricista y empiezan a llegar al centro niños con dificultades.
Paralelamente abro grupos de trabajo corporal con adultos, empiezo a aplicar a mi manera los conocimientos de Anatomía para el Movimiento y de las diferentes técnicas aprendidas a lo largo de estos años.
Le pongo un nombre a mi trabajo “Gimnasia Suave”. Durante años pude poner en práctica un trabajo corporal donde se respetaba el ritmo de cada persona. Mis clases se llenaron principalmente de mujeres de todas las edades. Me encantaba enseñar.
Me interesa el trabajo de la pediatra Emmi Pikler y el de Hengtenberg. Ute Strub, viene invitada a nuestro centro. Con ella conozco el respeto por el ritmo propio de bebé, del niño. Me interesa tanto el tema que viajo a Alemania. Organizamos cursos con ella durante años.
Porqué el oficio de ser madre no lo había aprendido en la universidad pero lo aprendí en el día a día con mi hijo Pau de maestro y los sabios experimentos de Ute Strub, autora del maravilloso libro Desplegándose.
Blandine también fue madre y decide escribir “El Periné Femenino y el parto” La apoyé y estuve a su lado cuando empezó este trabajo que mas tarde se convertirá en mi nueva profesión. Me interesa el embarazo, el parto. Mis hijos nacen en casa en una época donde tomar esta decisión era mal visto por la sociedad. Pero yo tenía miedo de parir en el hospital. Con la matrona Anna Sanés, pionera en partos en casa y que asistió al nacimiento de nuestro primer hijo Pau, empezamos a dar clases a las parejas que querían parir de una manera mas consciente. Hace 23 años, en nuestro centro pasaron decenas de parejas que deseaban conocer su cuerpo y tener herramientas para vivir su parto juntos.
Empecé “Gimnàstica dolça”, trabajo corporal que era la mezcla de todo lo que había aprendido hasta el momento. La base: Anatomía para el movimiento de Blandine Calais. Era ensayo- error. Vi lo que funcionaba y lo que era demasiado teórico. Con los años adquirí experiencia y fui afinando mi intuición observando los cuerpos moverse, respirar y confiarse al suelo, encima del fantástico parquet de madera virgen construido con amor por mi padre ebanista.
A mi lado, mi socia Anna continuaba bailando, creando y coreografiando.
Fueron años maravillosos en un privilegiado y precioso espacio en el centro del pueblo. Explorábamos nuevas maneras de expresión, con niños/as, con adolescentes, con adultos, con embarazadas…
El centro desbordaba energía: Era un lugar lleno de vida y alegría, danza y movimiento, conciencia y salud. La segunda etapa de L’Eix.
Allí organizamos los primeros cursos de Anatomía para el movimiento con Blandine. Hace 25 años.
Empecé a sentir que tan importante era tomar conciencia del cuerpo como conocer como funcionaba. Las dos cosas podían ayudarnos a vivir de una manera más armoniosa y respetuosa con nosotros mismos y con nuestro entorno. Lo apliqué en mis clases con niños, adultos, adolescentes y embarazadas.
Continué formándome como persona entrando en un proceso terapéutico con Gestalt, análisis transaccional y finalmente Integración Psicocorporal. Tocar y sentir mis miedos, mi rabia y mi tristeza me ha ayudado a respetarme más a mi misma y a aprender a respetar a los demás.
Con Krista Sattler y “el Sensing” (Consciencia Sensorial de Charlotte Selver) continuo el apasionante viaje de contactar conmigo, parar y sentir, observar la actitud, descubrir el ritmo propio e integrar todo ello, poco a poco,a la vida de cada dia.
Trabajar con mujeres embarazadas fue una experiencia única. Me abrió la posibilidad de empezar a aplicar y experimentar lo que había ido aprendiendo a lo largo de los años con mis maestras y alumnos.
Y quise compartirlo con las matronas.
El primer curso que di en l’Eix-Ample en Barcelona se llenó. Yo estaba embarazada de mi segundo hijo.
Fueron ellas, las matronas, que me animaron confirmándome continuamente que este trabajo era necesario para el colectivo y para la mujer.
Así empecé una nueva profesión. Poco a poco dejé de enseñar en mi propio centro para viajar con mi maleta llena de pelvis, huesos y pelotas por los hospitales del estado español.
A veces pienso que estoy soñando. Me digo en silencio mientras entro en un gran hospital: ¿Qué ironía de la vida me ha llevado a mí aquí? ¡si yo tuve mis dos hijos en casa!
Luego, delante del grupo de matronas, sonrío y pienso que es un regalo inmenso que me ha dado la vida el poder compartir con ellas nuestras respectivas maletas y me siento muy privilegiada y feliz.
Se porque estoy haciendo este trabajo:
Creo que la mujer que va a parir tiene que poder recuperar la confianza en si misma, en su cuerpo sabio, en la naturaleza sabia, y ser acompañada por profesionales que respeten su ritmo, sus emociones y su intimidad.
Para… devolver a la mujer la dignidad de este acto único y sagrado que es dar la vida.